
DIARIO DE ALASTOR R. SULL
Día 1:
Extraño es el grupo que se ha formado en Gavin. Aunque doy gracias a Mishakal de que al menos, ningún enano formara parte de el. Dalin, un elfo borracho con ínfulas de mago. Ni siquiera mi adorada Mishakal podría arrancarle de las garras de la bebida a ese elfo. No lo conozco demasiado, pero tengo una opinión muy dura acerca de la gente que busca la felicidad en el fondo de una botella. Presiento que este enclenque “mago” nos será de poca o ninguna utilidad en nuestro cometido.
Aun así, llego a entender que este sea un grupo variopinto, pero no alcanzo a comprender porque nos acompaña un ogro. Un OGRO!! Seres sin capacidad de articular TRES palabras consecutivas y con sentido. Su única “habilidad” es la de romper todo lo que toca y poner esa cara tan natural de tonto que tiene a modo de disculpa. Se hace llamar Odoro, un nombre tan estupido como seguramente la madre que se lo puso.
El pregón de la mañana anunciaba que ya era hora de ponerse a trabajar. Nos había contratado el Sheriff con la intención de dar solución a los males que acontecían a Gavin. Al parecer, esta siendo frecuentemente atacada por seres no humanos provenientes de la Piedra Explanada Blanca. Los rumores hablan de un siniestro ritual. La recompensa por liberar la ciudad de sus atacantes es pobre, pero a falta de otra propuesta de trabajo he aceptado. Me he percatado de que en la reunión se ausentaron dos de los integrantes del grupo, el “mago” y Regis. Seguramente los dos estuvieron en la taberna, puesto que al volver Dalin no se tenia de pie y Regis lo ayudaba como podía. Es extraño, pero hay algo que no me termina de gustar en Regis. Sus formas, su mirada… Todo lo relacionado con el me inquieta y me sume en una constante alerta. No me gustaría perderlo un segundo de vista aun sin saber porque.
Ectelion les informo de las nuevas del Sheriff, aunque dudo que Dalin prestara atención. Puede que Ectelion y Magius sean los dos integrantes del grupo “más decentes” que haya por el momento. Sin incluirme a mi mismo claro esta!! No me gustaría pensar que seria de este grupo si no fuese de mí. Seguramente no durarían más de un día, suponiendo que la suerte exista.
Así pues, con el sol en el cielo y el viento propio de Gavin nos hemos puesto en camino con dirección a las montañas de la Piedra Explanada Blanca. Es allí seguramente donde esas criaturas tienen el campamento. Nuestra misión es descubrir que tipo de criaturas son, y destruirlas. Después de varias horas de viaje parece que Dalin ya ha vuelto en si, pero su aspecto es deplorable. Parece como si el ogro se lo hubiese intentado tirar. Ya que el ogro es evidentemente la fuerza bruta del grupo le hemos puesto a caminar por delante nuestro. De echo, ha sido una gran idea, ya que mientras caminábamos por el bosque, a conseguido parar una trampa con la cara, evitando que el tremendo tronco nos diese a los demás. Eso me ha hecho pensar en que seguramente encontraríamos resistencia antes de llegar al campamento. Y como de costumbre, tenía razón.
Al de un rato nos hemos encontrado con una barricada custodiada por dos Sligh. Ellos han empezado a gritar mientras nos señalaban con sus lanzas. Al parecer no les a echo gracia que nos adentremos en sus territorios. Por si acaso, he lanzado un conjuro para entender lo que hablaban los dos anfibios, y han resultado ser poco más que burlas e insultos. Es mejor prevenir que curar, ya que en vez de insultos podían haberse tratado de instrucciones para una emboscada, de la cual habríamos estado indefensos. Creo que al ver que podía entenderles, las dos “ranas deformes” se enfadaron, ya que las dos dirigieron sus lanzas contra mí. Por desgracia una de ellas me alcanzo en el brazo. Al instante una daga salio volando detrás mío e impacto en uno de los Sligh. Al girarme vi la cara de Regis, que se lanzaba al combate sin pensárselo dos veces. El ogro hizo gala de su fuerza con un golpe a uno de los Sligh que casi lo mata. Sin embargo, el otro Sligh le clavo su arma en el cuello y callo desplomado. La muerte del primer Sligh vino a manos de Ectelion. El segundo me escupió a la cara algo que parecía ácido, pero pude evitar que me diera en los ojos. Ectelion remato a esa “rana” y envaino con elegancia su espada larga. Me he percatado de que su espada desprende un extraño fulgor, puede que se trate de magia.
Tras una hora de agotador camino y de los incesantes y absurdos intentos de Odoro de acaparar la atención, hemos llegado a un camino entre riscos donde nos esperaban más Sligh sedientos de venganza. Por suerte eran menos y en apariencia fácilmente abatibles. Sin embargo demostraron ser mas duros de roer que sus predecesores, ya que dejaron muy tocado al Ogro, previamente cegado por el ácido en los ojos. Entre la destreza de Regis para sorprender al enemigo y mi habilidad sin par en combate, conseguimos dar una muerte rápida a los dos “hombres rana”. Al finalizar el combate, me concentre en curar las heridas y ceguera de Odoro. Puede que sea un ogro imbecil y simple, pero nunca me perdonaría la muerte de un inocente pudiendo yo haberlo evitado haciendo uso de mis poderes. Una vez en marcha, llegamos al final del risco, donde nos aguardaba una cueva que al parecer era el nido de aquellas bestias. Regis se ofreció voluntario para explorar la cueva mientras nosotros aguardábamos fuera. No creo que fuese una decisión apropiada, ya que poca o ninguna es la confianza que él me inspira, sin embargo accedí.
Puede que solo pasara unos minutos, pero la tensión de aquella situación me hizo creer que el tiempo se había detenido. No podía dejar de preguntarme cuantas de aquellas criaturas habitaban en aquella cueva y si lograríamos sobrevivir a nuestra misión. Todo volvió a la normalidad de una manera brusca y violenta. Un grito de Regis rasgo el aire pidiendo auxilio, y al instante el ogro se adentro en la caverna con la ira dibujada en su rostro. Cuando llegue a donde estaban Regis y Odoro, dos Sligh yacían contra la pared, como si un gigante de los cielos los hubiera pisado. Al cabo de un instante me percate que de la clava de Odoro colgaban parte de las entrañas de uno de los Sligh y comprendí lo que había sucedido. Las sospechas sobre Regis parecieron disiparse cuando Ectelion lo sorprendió intentando robar el arma de uno de los Sligh, seguramente para intentar venderlo al llegar al pueblo. Pero Ectelion consiguió persuadirle de ello con un sermón digno del propio Paladine. Mis peores temores respecto a Regis se han visto confirmados, y es ahora cuando mis sentidos han de estar más ágiles que sus hábiles manos. Fue Regis, quien aun estaba aturdido por el sermón de Ectelion, el que se aventuro a abrir la puerta al final del túnel. Esta chirrió de la manera más estrepitosa posible y lo que descubrimos al otro lado de esta nos dejo sin habla a todo el grupo.
Puede que no haya pasado tanto tiempo desde el fin de la guerra de la lanza, pero desde aquellos días, había dado por sentado que la Orden de los Caballeros de Neraca había sido disuelta. Rara es la vez que yo me confundo, pero esta es una de esas ocasiones. Ante nosotros teníamos el imponente semblante de, probablemente, uno de los últimos Caballeros de Neraca. Podía percivir a través de el, un aura corrupta por la maldad y erosionada por el odio. El poder que aquel Caballero desprendía era tal, que me costo reaccionar durante un instante. Junto con el Caballero había un pequeño regimiento de Slighs a modo de guardia personal. Estos suponían el menor de los problemas a los que teníamos que enfrentarnos. Odoro se lanzo al combate sin signo de temor, probablemente porque no sabía a que se enfrentaba; pobre iluso… No tardo en darse cuenta que su rival representaba un mayor problema del que en un principio había supuesto. Magius puso todos sus esfuerzos en proteger mágicamente al ogro, mientras yo me concentraba en disminuir las capacidades del caballero. En un instante, la sangre corrió por mi cara e hizo que flaqueara un segundo. Una de aquellas bestias, de las que habíamos echo caso omiso, me golpeo a traición provocándome una severa incisión en la cabeza. Al advertirlo, Magius lanzo un puñetazo a lo que parecían ser ilusiones, pues los tres Slighs desaparecieron en el momento. Tras una larga y dura pelea, Ectelion consiguió rematar a un Caballero derribado y desprevenido. Tras el combate, dedique mis esfuerzos a apaciguar el dolor y sufrimiento de los integrantes del grupo. En lo que respecta a la curación, no hay secretos para mí. Mishakal es mi inspiradora Madre que me acompaña desde largo tiempo atrás. Con ella en mi corazón, todo es posible.
Inspeccionamos la habitación en busca de algo significativo, y a parte de los vacíos aposentos del ex-Caballero, lo único resaltable era un cofre en uno de los laterales de la habitación. Dado que Regis era indudablemente el que mas familiaridad tenia con cerraduras y trampas, procedió a abrir el cofre con sumo cuidado e inspeccionándolo minuciosamente. Me pareció percibir en él los nervios típicos de un aficionado a la hora de abrir el cofre, algo que me pareció sumamente raro debido a la destreza propia de un cerrajero maestro que poseía. Al instante de abrir el cofre, una flecha salio con dirección a Regis, quien la esquivo sin demasiados esfuerzos. En el interior del cofre había una gema de varios colores. La cogí en mis manos sin siquiera preguntar al resto, pues me pareció sumamente obvio que el único capacitado para manipularla era yo. Me gustaría haber visto a Odoro jugar con ella a modo de peonza o a Regis metiéndosela, en un momento de incertidumbre, dentro de la armadura. Al sostenerla en mis manos, la gema se volvió de un color transparente con una flecha de un color rojo intenso. Es ahora cuando tenemos pensado descansar para recuperar fuerzas y así poder partir mañana hacia Gavin. Aun no he descubierto la finalidad de la gema, pero presiento que dirá mucho más de lo que a primera vista parece ser. Hemos acordado hacer turnos de guardia mientras dormimos en la cueva. Cualquier precaución es poca en sitios como este.
Día 2:
La noche trascurrió tranquila, a excepción de los estrepitosos ronquidos de Odoro, que me hicieron creer por un momento que la cueva se venia abajo. Era hora de volver a Gavin y presentar las pruebas de nuestro éxito al Sheriff de la ciudad. Para asegurarnos de no dejar margen a la incertidumbre, cercenamos la cabeza del Caballero para presentársela junto con su casco al Sheriff. El camino de vuelta fue largo y doloroso, ya que algunos todavía presentaban heridas del combate contra el Caballero. Mi don también necesita su tiempo, tiempo del que no disponíamos.
Una vez cobrada la recompensa, una oleada de gente empezó a correr sin dirección ni rumbo fijo. Oí como un niño gritaba algo acerca de un ataque de minotauros. Al girarme, algo que me golpeo en la cara me obligo a retroceder. Examine el objeto con cierta sorpresa, ya que resulto ser una enorme bola de lana mullida. Rápidamente os dirigimos rápidamente al puerto, desde donde podíamos apreciar una ingente flota de naves de guerra minotauros. Entre el bullicio de la gente destacaron vítores a favor de un tal Capitán Morgan. Al parecer, este era un famoso pirata de la zona que se dedicaba a saquear e invadir los territorios y naves de los minotauros. El lanzamiento de ovillos de lana era el símbolo del Capitán para indicar que había vuelto victorioso de su misión en territorio minotauro. Al desembarcar, el Capitán Morgan se dirigió al pueblo, invitando a todo el mundo a beber y unirse a la fiesta. Vi como un brillo fugaz despertó en los ojos de Dalin, quien con paso decidido, se encamino a los barriles de whisky minotauro. Intente disuadirle de que lo hiciera, incluso le amenace con no repartir con el la recompensa, pero fue en vano. Puede que mis dotes de convicción aun no estén a la altura necesaria para desenganchar al elfo.
Pasaron las horas mientras nos encargábamos de los últimos detalles del reparto de bienes, cuando al Capitán se le voló la blanca peluca. Morgan, casi más borracho que el elfo, ofreció una recompensa para quien se la recuperara. Me pareció ridícula la idea de que una persona de mi talante tuviera que desempeñar una tarea tan estupida como recuperar una peluca, por lo que me negué rotundamente a acompañar al resto del grupo tras lo que parecía la caza del cochinillo. Magius y yo nos apartamos del grupo, mientras ellos dedicaban su tiempo a la peluca.
De pronto, el puerto se vio asediado por hordas ingentes de Slighs que surgían de las montañas y trepaban al puerto desde el agua. Empuñando mi maza pesada cargué contra el Sligh mas próximo que tenia, enzarzándonos en un combate rápido del cual no salio vivo. Tan pronto como Magius pudo reaccionar, fuimos en busca del grupo cruzando el puerto atestado de marineros borrachos que luchaban contra los Slighs. Lo que vimos al llegar donde el resto nos dejo aturdidos por un instante. El Caballero de Neraca se erguía delante de nosotros, como si no hubiese ocurrido nada la noche anterior, a excepción de una cicatriz que tenia alrededor del cuello. Este reclamaba la gema que nos llevamos de la cueva, a cambio de la cual nos perdonaría la vida. En ese instante comprendí que la gema que yo custodiaba tenía un valor incalculable, y que por ninguna razón debía caer en manos malvadas. La última frase que pronuncio el Caballero hizo que un sudor frió recorriera mi cuerpo lentamente. Sus palabras fueron “No seáis ilusos, no se puede matar lo que ya esta muerto”. A esto que el Caballero empuño su espada y se abalanzo sobre el grupo con un despliegue de movimientos propia del mas curtido de los infernales. Las heridas brotaron por doquier, pero aun podía mantenerme en pie. Sin embargo, Ectelion se desplomo en el suelo del puerto, por lo que tenia que darme prisa si quería curarle antes de que pasara a mejor vida. Al rebuscar entre sus prendas en busca de su poción mágica, encontré un extraño arpa decorado con los mas lujosos detalles e incrustaciones. No era momento para preguntas, así que dedique mi tiempo a que volviera en si y sanaran sus heridas. Cuando me gire para volver al combate, Regis estaba sacando su puñal del cuello del Caballero, el cual yacía muerto a pocos metros donde estábamos Ectelion y yo. Al ver a su líder muerto, todos los Slighs salieron despavoridos en dirección a las montañas o al mar. Decidimos no arriesgarnos con el Caballero, así que con varias bolas de lana y un barril de alcohol le dimos fuego hasta que su cuerpo quedo reducido a poco mas que cenizas. Extrañados por lo que acabábamos de presenciar, fuimos en busca del Sheriff para pedirle que nos enseñase la cabeza del Caballero de Neraca que le entregamos. Largos minutos pasaron hasta que volvió este anunciando que la cabeza había desaparecido, lo cual no me sorprendió. Al abandonar el edificio, un hombre ataviado con una elegante túnica se acerco hacia nosotros. Dijo que era un emisario del alcalde. Este último, nos había invitado a cenar a su palacio como recompensa por librar a Gavin por segunda vez de aquellas repulsivas bestias. Aquellas nuevas me alegraron el día, pues ya era hora de que una persona como yo se relacione con sus iguales, y no con ogros y elfos borrachos.
Era evidente que no podía presentarme en el palacio con las pintas que tenia, por lo que me dirigí al templo de Mishakal en busca de ayuda de mi señora. Al anochecer me encamine hacia la entrada del palacio, donde coincidí con el resto del grupo. El guardia de la entrada nos puso una única condición para poder acceder al palacio, y era la de depositar todas nuestras armas y armaduras en la entrada. La idea no me satisfacía del todo, pero aun así se las entregue. En este caso, el fin justificaba el medio. Es extraño pues esta es una frase con la que no suelo estar familiarizado. Al entrar en el gran comedor, pude avistar tres enormes mesas que formaban una “C” entre si. Como era lógico, nos invitaron a comer a la mesa del alcalde. Pero al llegar, un calor interior intenso me abraso y oprimió mi estomago de la rabia que bullía en mi, pues en la misma mesa había un maldito enano. Pensaba que el alcalde era un hombre respetable, que se rodearía de sus semejantes. En cambio me demostró que todo aquello solo había ocurrido en mi imaginación, ya que había considerado como un igual a un enano. Esos seres ni son dignos de confianza ni tienen modales para estar en aquella mesa. No hace falta decir que también carecen de una cualidad esencial para relacionarse con el mundo, y es el saber controlar sus primitivos instintos. Sin mirar a aquella apestosa criatura, exprese mi desconfianza hacia el y me negué ante la invitación de compartir mesa con el enano. Aun así quería ver como se desarrollaban los acontecimientos, por lo que fui a cenar a la mesa de los marineros, quienes resultaron no ser más que unos incompetentes borrachos que solo hablaban de mujeres. Al de un rato, para rematar la situación, apareció Odoro, quien se sentó enfrente mío. Cosa que me disgusto enormemente pues bastante era rodearme de aquella gente como para encima aguantar a un ogro sin modales como el.
Antes de empezar con el banquete, el alcalde se puso en pie y fue presentando a los integrantes de su mesa entre quienes destacaban el Capitán Morgan y un tal Conde Beleguir. Cuando este último se alzo para que todos pudieran verle, fue como si el ogro me hubiese sacudido un martillazo por la espalda. Era el mismo Caballero de Neraca que en dos ocasiones habíamos matado!! Era imposible… como?? Lo redujimos a cenizas que posteriormente esparcimos por el mar. No alcanzo a comprender que es lo que esta sucediendo. El alcalde continúo hablando y nos pidió que contáramos nuestras hazañas sobre lo ocurrido. En aquel momento me encontraba reacio a cualquier invitación de explicar lo ocurrido, por suerte fue Ectelión quien alzo la voz y contó con detalle nuestra misión. Al llegar a la pelea con el Caballero de Neraca, Beleguir alzo la voz escandalizado, diciendo a todos los presentes que nuestra historia era una farsa, ya que en los tiempos que corren los Caballeros de Neraca se daban por muertos. En ese momento la rabia que sentía se apodero de mí, y saque la gema alzándola en alto, en un intento de corroborar nuestra historia. El Conde Beleguir pareció no inmutarse, lo que por un momento me llevo a pensar que podía no tratarse del mismo Caballero. Teoría que quedo desmantelada al ver la cicatriz que tenía en el cuello. Una vez finalizada la historia, el alcalde, quien parecía no estar muy seguro de la veracidad de los hechos, invito a comenzar con el banquete, a lo que le siguió un tremendo escándalo. Todo transcurrió con normalidad a lo largo de la cena, con la excepción de que echaron a Odoro del gran comedor, por su falta de modales, y vi como unos guardias apresaban a Regis y se lo llevaban. Al finalizar la cena, la gente se dirigía a la zona de baile, donde se encontraba el Conde Beleguir. Me encamine hacia el con intención de hablar con el, pero no tuve mas remedio que invitarle a bailar, pues no había forma de sacarlo de allí. Este accedió, y asumió su papel de mujer, ya que me agarro por el cuello. Con mis ojos clavados en los suyos le dije que no recuperaría la piedra, y que desistiera de su propósito. Él insistió en que la recuperaría fuera como fuese y se alejo. Un dolor se extendió por mi vientre al tiempo que el Conde mantenía su mirada fija en mi. Lo más probables es que se tratara de un conjuro. Yo me aleje sin dar muestras de debilidad y vi como el Conde sostenía en la mano mi bolsa. No podía creerlo, me había robado sin darme yo ni cuenta!! Al instante la bolsa desapareció y comprendí que todo se trataba de una ilusión. Este Conde va ha suponer un problema mayor del que en un principio creía. Cuando acabo el baile, y la gente se disponía a marchar, busque con la mirada a Beleguir, pero al parecer este ya había abandonado el recinto. Fuimos a la entrada a por nuestras armas y armaduras, cuando de no se sabe donde apareció Regis. Decidimos permanecer juntos e ir a donde indicaba la flecha, con el fin de resolver el misterio. Pronto nos percatamos que la flecha se dirigía hacia Osadia, en Ergoth del Sur. El próximo barco hacia Osadia salía en una semana, por lo que decidimos reservar sitio en el y hacer semana en Gavin.
Días del 3 al 10:
En el transcurso de la semana, dedique mi valioso tiempo a la creación de pociones curativas, pues las considero necesarias viendo lo que se nos viene encima. Como es lógico, vendí mis pociones a los integrantes del grupo por una suma de dinero mucho menor a la que se venden en las tiendas. Después de todo yo pierdo tiempo y dinero en ellas, y una recompensa a cambio de estas es lo más racional. Rápidamente constate que dos de los integrantes no poseían dinero suficiente como para pagarme, por lo que haciendo gala de la caridad que mi diosa me infunde, las pague con el sudor de mi frente y el acero de mis bolsillos. No me arrepiento de ello, aunque uno de esas pociones fuese para Regis, ya que ayudar al prójimo esta por encima de cualquier cosa en este mundo. Incluso cuando ese prójimo no es de mi agrado, pudiendo así demostrarle la bondad de mis actos y conseguir su redención.
Para mi disgusto, el penúltimo día antes de nuestra partida, vi como Regis lucia un extraño y desagradable tatuaje en la frente, que rápidamente reconocí. Era el tatuaje que Mishakal imponía a aquellos que cometieran agravio en su templo. Lo más probable es que se adentrara en el templo fingiendo buscar ayuda y en un descuido de los clérigos se metiese en los bolsillos pertenencias ajenas. Regis me ha decepcionado mas que ninguna otra persona, pues creía que en el podía albergar en el aunque fuese un poco de esperanza para alcanzar el perdón, pero veo que mis esfuerzos son en vano. Por lo que desistiré de mi propósito y lo tratare como lo que es en realidad.
Día 11:
Llego el día de embarcar. Esta semana en Gavin ha sido muy tranquila en comparación con lo anteriormente vivido. Eso me ha hecho recordar un viejo proverbio que mi padre, que con Mishakal descanse, solía usar con frecuencia. Aquella frase decía “Después de la tormenta viene la calma”, pero algo me dice que esta agradable paz no durara eternamente, y que tarde o temprano volveremos a encontrarnos con Beleguir.
Los pasajeros llegaban sin cesar, y de nuevo doy gracias a Mishakal por no haber visto embarcar a ningún asqueroso enano. El Capitán Morgan había comentado, que este no era un viaje largo, que a lo sumo tardaríamos semana y media en llegar. Aunque después de ver como se comporto al llegar al puerto, su embriagaded e incitación a las masas, cualquier palabra de ese marinero me es de total desconfianza. Una vez zarpamos, me dirigí hacia mi camarote, donde por desgracia tuve que compartir camarote con Ectelion, Magius y el ogro. Cuan feliz habría sido con un camarote para mi solo, pues el ogro era un maldito cerdo que impregnaba los aposentos con su hedor a carne pútrida. El camarote de Magius y de Regis estaba enfrente del nuestro. Cuando me dirigí hacia la cubierta, mis ojos no daban crédito a lo que vi en el interior del camarote de Magius y Regis. Juraría por Mishakal que no vi entrar a ningún apestoso enano en la nave, sin embargo ahí estaba el, con su cresta engrasada y la piel sucia propia de un bárbaro. En aquel instante desaparecieron las ganas de comer, precedidas por un fuerte estrangulamiento del estomago producido por la rabia y la cólera. Era tal mi ira que decidí subir a la cubierta para que me diese el aire, pues había empezado a notar como se me acumulaba toda la sangre en la cabeza y me costaba respirar. Intente hacer caso omiso del tema, y pasar el día leyendo en mi camarote. El libro trata sobre los diversos métodos para la curación existentes en todo Krynn, que han sido reunidos con paciencia y dedicación por un tal R. K. Louddinan. En la portada del libro, debajo del titulo reza “tocados por nuestra señora”, la cual se refería a nuestra señora Mishakal. Esto me impulso a comprarlo y escudriñarlo al máximo con la esperanza de encontrar alguna parte de este que me enseñara algo nuevo (tarea difícil por no decir imposible).
Día 12:
Me he percatado de que Ectelion ha estado totalmente ausente en el transcurso del viaje. Creo que se debe a que nos dirigimos a Argoth, aunque no podría afirmarlo con total seguridad. Me pregunto que le ocurrió allí, que le haga sumirse en tal profundo trance. No come y no duerme, síntomas que en caso de no remediarse, en el plazo de tres o cuatro días podrían dar lugar a una crisis nerviosa con paranoia severa. Es por eso por lo que he estado intentando entablar conversación con el, para poder distraerle e incitarle a que coma. Le hable del extraño arpa que le encontré ara una semana. Lo único que contesto es que la música le ayudaba a aliviar el tumulto de la vida.
Visto que mis esfuerzos por distraerle son en vano, subí a la cubierta para contemplar el inmenso mar que nos rodeaba. Pude avistar, como Magius se reñía con un gnomo, rodeado por Odoro y Regis que contemplaban la escena con cara de diversión. Ya que el único capacitado para repartir paz y mediar la discusión era yo, me encamine hacia ellos con aire decidido, pero el extraño tema de discusión vario todos mis planes y rompió todos mis esquemas. Al parecer, aquel gnomo llamado Flu había construido una maquina capaz de lavar el pelo y hacer la manicura. En mi opinión era un invento bastante absurdo, pero más me lo parecieron las palabras de Magius. Estaba casi pálido, con la ansia dibujada en la cara, intentando embaucar a aquel gnomo para que apostara con el una suma bastante grande de acero, acerca de si la maquina funcionaria o no. Al parecer Magius compartía el mismo punto de vista sobre la fiabilidad de la maquina que yo. Aun así, no fue eso lo que me llamo la atención, sino la actitud compulsiva de apostar y regatear que tenia este, con los ojos casi desencajados y fijos en el gnomo. La conversación no fue mas lejos, ya que me interpuse y propuse que cada uno se marchase por su lado, pues la gente de la cubierta había comenzado a detenerse para observar la discusión.
Día 13:
Al amanecer, el gnomo nos despertó aporreando la puerta incesantemente con una extraña excitación. Nos explico que había encontrado un voluntario para utilizar su “maravillosa” maquina y que en lo que a el respectaba, la apuesta seguía estando en pie, por una suma aun mayor a la que se había acordado. Magius se levanto de un brinco, tropezando por las prisas, y tan pronto se puso el pantalón salio corriendo del camarote detrás de Flu con la intención de dirigirse a las bodegas. La mañana trascurrió como cualquier otra mañana, excepto que no vi por ninguna parte a Regis. Seguramente estaría en su camarote pensando en la forma más rápida y practica de hacerse con las propiedades de los tripulantes del barco. Era ya a la hora de anochecer cuando me lo encontré por primera vez en lo que iba de día, pero jamás habría imaginado que me lo encontraría en aquella situación. Aquel patético ser era Regis calvo y con los pies en carne viva, que se arrastraba por el pasillo con dirección a su camarote. Me lo lleve a mi camarote y le aplique una serie de ungüentos en cabeza y plantas de los pies para aliviar su dolor. Maldito fue el momento en el que quise curarle, pues por lo visto Regis lleva muy mal el tema de la higiene en las zonas que no se ven. Con un par de días de descanso y con la ayuda de Mishakal puede que vuelva a andar en breve. Me pregunto como se habría echo aquellas heridas, aunque algo me dice que Magius se cobro su apuesta con intereses. Preferí no indagar más en el tema y me dispuse para cenar.
Día 14:
El tercer día abordo ha sido por el momento el más tranquilo de todos. Flu por fin había dejado de molestar de una vez. A decir verdad, no le visto en todo el día, lo que supone un gran alivio para mis oídos y los del resto de la tripulación. Sin embargo todo no es un mar de rosas, ya que tanto vaivén me deja destrozado el estomago. Por lo que a mí respecta, boy a intentar no comer gran cosa en lo que va de día.
Día 15:
Como ya me imaginaba, no he sido el único en sentir nauseas y malestar a bordo. Todo el grupo nos encontrábamos débiles, a diferencia de los demás pasajeros. Eso me hizo pensar en que solo podía tratarse de veneno. Pero quien querría envenenarnos?? Solo se me ocurría una “persona” que estuviese interesada en nuestra muerte. Naturalmente yo era el que mejor se encontraba de todo el grupo, por lo que intente dar con un antídoto en alguno de mis libros, pero fue en vano. La fuerza del veneno era tal, que mis conocimientos sobre curación de poco sirvieron. Decidimos llegar hasta la fuente, por lo que comenzamos interrogando al que nos traía la comida al camarote. Este, pareció no ser más que un eslabón de una cadena que nos conducía directamente a las cocinas. Una vez en las cocinas, nos fue sencillo intuir quien había sido el responsable del envenenamiento. Solo tuvimos que ver al pinché para darnos cuenta de que tenia un parecido mas que razonable con el Caballero de Neraca. En esta ocasión la sorpresa fue menuda, pues en lo que iba de mes ya nos lo habíamos encontrado tres veces en tres situaciones completamente distintas. Lo que no alcanzo a comprender es como se coló en el barco… Antes de zarpar estuve algo más que atento en ver quien subía a bordo, y Beleguir sin duda alguna, habría sido bastante fácil de reconocer. Me dirigí hacia el con paso decidido, pero sin animo de provocar una pelea. No es correcto llamar la atención en un sitio como este. Ya ajustaremos cuentas mas adelante… Él, reconoció al instante ser el autor del envenenamiento. Esbozando una amplia sonrisa nos digo también que tenia la esperanza de que muriéramos por hambre o del veneno. Esto no cuadraba… Supuestamente llegaríamos a tierra en un par de días, y una persona normal puede aguantar más de una semana sin alimento.
Subí rápidamente a cubierta y me dispuse a calcular la trayectoria del barco echando mano de mi agudizado sentido de orientación y gracias a un conjuro que permite saber la dirección correcta a seguir. Era de esperar que mis compañeros no se moviesen para intentar averiguar el porque de las palabras del Caballero. Estos estaban resultando ser mas inútiles de lo que en un principio me había imaginado. Rápidamente, constate que la trayectoria del barco distaba mucho de ser la trayectoria correcta, puesto que estábamos dando vueltas sin rumbo alguno. Pero como es esto posible?? Estaría el timonel compinchazo con Beleguir?? O se trata de algo peor..
Salí corriendo con dirección al timón, y aunque me advirtieron de que no podía estar allí yo continué. Tenia que ver a ese timonel fuese como fuese. Pero cuando llegue allí me sorprendí enormemente al no ver a nadie tripulando la nave. Fue una suerte que en ese momento apareciera el Capitán del barco, ya que era el siguiente con el que quería hablar. El me dijo nada mas verme que tenia que abandonar aquella estancia, pero la información era primordial. Le pregunte por el timonel, a lo que de modo cortante me contesto que había caído enfermo y necesitaba reposo. Este estaba siendo sustituido por el pinché Beleguir. No se porque me esperaba esa respuesta. Llamadlo clarividencia… Le dije al Capitán que aquel maldito pinché estaba haciendo que diésemos vueltas sin ningún rumbo. Este pareció no creerme, por lo que me tuve que esforzar en demostrarle como había llegado a tal conclusión. Transcurridos unos minutos, el Capitán parecía estar convencido de ello, pero lo único que dijo es que hablaría con el pinché Beleguir para que corrigiese la nave. Como si eso sirviera de mucho…
Habíamos llegado a un punto en el que solo nos quedaba esperar. Yo me negaba a comer cualquier cosa que saliese de aquella maldita cocina. En mi camarote, estuve pensando largo y tendido acerca del diamante aquel. Porque Beleguir parecía estar tan obsesionado con este?? Eche mano de algunos libros de interpretación de magia, y con mis amplios conocimientos de elementos arcanos, llegue a la conclusión de que aquella flecha roja que había dibujada en el interior del diamante, solo podía señalar a las piedras hermanas de esta. Seguramente la siguiente piedra fuese la de color rojo, lo deduje del color de la flecha y de par de cosas mas que no merecen ser explicadas aquí y ahora. En aquel momento, Ectelion entro en el camarote con cara compungida. Quise compartir con el lo que había descubierto, pero mi sorpresa fue mayor. Este me dijo que tiempo atrás el había tenido la piedra Roja en sus manos. Que aquella piedra poseía poderes especiales que consumían sangre para curar al portador. Esto me pareció bastante macabro, por lo que preferí no preguntar más acerca de la piedra. Lo último que me dijo fue, que aquellas piedras eran reliquias que pertenecían a un altar de Takishis. Eso me pareció bastante razonable, ya que daría respuesta a porque el Caballero de Neraca ansiaba poseerla. Le pregunte a Ectelion como es que sabía tanto acerca de las piedras, a lo que me contesto de modo tajante que lo leyó en un libro que sus padres adoptivos le dieron al cumplir cierta edad. Al parecer la vida de Ectelion no ha sido ni mucho menos alegría y felicidad. Sentí lastima por el.
Decidí que era hora de que fuésemos a por Beleguir. Es eso, o esperar a que nos muramos lentamente. No iba a darle esa satisfacción al Caballero. Nos dirigimos a las cocinas en busca del maldito pinché, con maza en mano y valor en el corazón. Al llegar a las cocinas, nos encontramos con un pinché sin muchas intenciones de luchar, ya que seguía con el atuendo de cocinero e iba totalmente desarmado. Por muchas ganas que yo tuviera de hundirle mi maza en su cara, hay algo en mi que me prohíbe matar a un ser que este desarmado. Por desgracia Ectelion no compartía mi punto de vista, y tras recitar un breve y estupido discursito se dispuso al combate. Pero en vez de luchar el pinché estallo en carcajadas. Entre risas podía oírse como decía algo acerca de la muerte de la mujer de Ectelion. En ese instante, Ectelion palideció cual fantasma y a poco se desmaya. El cobarde del Caballero fue corriendo hacia la borda y se lanzo por ella. Muy probablemente pereciese con aquella acción, pero estoy seguro que nos lo encontraremos mas adelante.
Ayude a Ectelion hasta los camarotes, ya que este parecía incapaz de mantenerse en pie por si solo. Al llegar le preguntamos por el comentario del Caballero, y este palideció aun mas. No esperaba respuesta alguna, sin embargo contesto a todas mis preguntas. Nos contó la historia de cómo él hace años vivió en Argoth del Sur con su joven esposa. Decía que esta era el ser mas bello que jamás piso Krynn. Transcurridos unos años desde el día en que se caso y partido de Argoth del Sur (lugar donde vivió su infancia) empezaron los problemas en la aldea y territorios circundantes. Eran tiempos de la Guerra de la Lanza. Los Caballeros de Necara se disponían en grupos e iban sembrando el miedo y el caos por todo Krynn. Por lo que no es de extrañar que también aparececiesen en aquella aldea. Después de dar fuego a su granja los Caballeros quisieron rematar la faena. Persiguieron a Ectelion y a su mujer hasta darles caza. Ectelion consiguió huir, pero su mujer se quedo atrás. Dice que fue tan cobarde, que no fue capaz de volver para dar la cara. Vio como aquellos Caballeros vejaban a su mujer, violándola uno tras otro repetidas veces, para luego inmolarla viva. Él, consiguió huir de aquella aldea como pudo, y se paso cerca de un año deambulando y arrastrándose por doquier. Ahora su dolor es insoportable, pues sabe que Beleguir fue uno de aquellos malditos Caballeros. Dice siente la necesidad de pedirle perdón a su mujer, para poder pasar a mejor vida y apaciguar su dolor. Es por ello que necesita todas las piedras, que según el libro, entre otras cosas tenia la capacidad de devolver la vida a los muertos. Al terminar su relato, Ectelion se desmayo sobre su lecho. Dada la situación, creí oportuno que descansara un rato hasta la hora de cenar. Debe ser insoportable ser tan cobarde e inútil. Pobre infeliz.
Día 16:
Eran cerca de las tres de la mañana. Los soles ya se habían puesto por completo y aun faltaban unas horas para que los primeros rayos de luz apareciesen en el oscuro horizonte. Un estruendoso golpe me desvelo, y los gritos y chasquidos de metal avivaron por completo mis sentidos. Me equipe lo más rápido que pude y desperté a los que aun dormían. Nos dirigimos a cubierta dispuestos para la batalla, y nos encontramos con todo un escenario campal. Los Sligs de agua trepaban por la borda y cargaban de un salto contra los marineros. Había sangre y Slighs muertos por toda la cubierta. Al parecer los marineros tenían mucha calle. Pero cerca del mástil, en la parte central de la borda, había algunos marineros medio descuartizados. Algunos miembros de los marineros aparecían a varios metros y simplemente no aparecían. En medio de aquel torrente de aniquilación se hallaba un Sligh descomunal. Al parecer las lagartijas también tienes sus líderes. Este se nos quedo mirando y esbozo una asquerosa sonrisa. Con sus ojos fijos en los míos, soltó un grito que resonó en nuestras almas. Al instante, los Slighs parecieron cobrar una fuerza sin par, haciendo el combate mucho más arduo. El caudillo se encaro contra Dalin, pero por suerte para el débil “mago” erró en el ataque. Donde no fallo es en el escupitajo que cegó a Regis con el ácido. Odoro se abalanzo contra él. Esta pareció una guerra de titanes, en la que yo solo pude entorpecer los movimientos del jefe con mis conjuros. Con un fuerte mazazo en la cabeza de aquel lagarto, el Sligh callo muerto en el centro la cubierta.
Al ver al jefe muerto, el resto de los Slighs corrieron acobardados hasta la borda y desaparecieron en el mar. Que se podía esperar de aquellas criaturas tan cobardes?? Como ya había predicho, el Caballero no había muerto al lanzarse por la borda. Quien sino habría mandado a los Slighs para que asaltaran el barco?? La moral del barco era baja. Siete de los marineros habían perecido en aquella batalla, y muchos otros estarían marcados de por vida. Use mis poderes para ayudar a los menos afortunados, y me dirigí al camarote con la intención de descansar algo antes de llegar a Osadia. Los lagartos no volverían.
A mediodía conseguimos ver tierra en el horizonte. Mi alegría no podía ser mayor, porque tenía unas ganas inmensas de pisar tierra firme cuanto antes y abandonar aquel maltito barco. En lo que iba de semana no habían ocurrido más que desgracias y no estaba dispuesto a quedarme allí esperando. En unas horas llegamos a tierra. Osadia era un pueblo portuario muy típico. Nada especial que le hiciese destacar sobre el resto de las ciudades. Nos dirigimos en busca de una posada para hacer noche allí, pero al pasar por la plaza central, vimos como la gente se arremolinaba en torno a una mujer que empuñaba una sartén y golpeaba sin cesar a un hombre totalmente borracho, quien me figure era su marido. De pronto un kender salio de entre la gente y se nos quedo mirando. Mis reflejos fueron casi divinos. Agarre con fuerza todas mis pertenencias y no le quite el ojo de encima ni por un instante. Aquel kender se nos presento. Decía llamarse Espinaenelculo, un nombre muy apropiado para un Kender. De repente una turba se encaro hacia el kender gritando al unísono “Al ladrón!!”. El Kender se despidió de forma rápida y empezó a correr. Fue una suerte, porque de haber estado más tiempo con nosotros, seguro que alguien habría extraviado algún objeto. Vi como la gente apresaba al Kender, y lo ataban de manos y pies. Me pareció una gran idea, porque así podría estarse tranquilo un rato. Pero al momento me di cuenta que la función de aquellas cuerdas no era impedir que robase, sino que no pudiera nadar. Lo arrojaron al mar enviándolo directamente a la muerte. No daba crédito a lo que había presenciado. Es así como se resuelven aquí las cosas?? Tomándose la justicia como a uno le plazca?? No es ético.
No me pareció prudente sacar el diamante en mitad de la calle, por lo que espere a llegar ala posada para hacerlo. Encontramos una llamada “El Rico Pececito”. Al entrar constatamos de que no teníamos apenas dinero y que no podíamos malgastarlo en alojarnos en la ciudad. Debíamos de encontrar el modo de conseguir dinero suficiente en poco tiempo. En ese preciso momento, un elfo sivanesty se nos acerco y nos propuso para un trabajo. Al parecer Mishakal escucha mis oraciones. El elfo parecía haberse fijado en nuestros atuendos, y en las armas. Nuestra misión era sencilla, debíamos de escoltar el carruaje de aquel elfo hasta Silvamori. Decía que había ganado una ingente suma de acero contra un Qualinesty y que preveía que este tomara represarías para recuperarlo. Nos pagaría con 150 monedas de acero a cada por el trabajito. Aceptamos el encargo, pero no antes sin descansar un tiempo, ya que había sido un duro viaje.
En un rincón de la posada escudriñe el diamante. La flecha roja de este se dirigía hacia Silvamori. Baya una coincidencia.. Mejor para nosotros pensé. De nuevo, vi como Magius intentaba apostarse el poco dinero que tenia con la gente del bar. Me sentí en la obligación, por segunda vez, de mostrarle el camino correcto a seguir, impidiéndole despilfarrar el dinero en los juegos de azar. Al parecer este ya se había cansado de mis sermones, pues lo dejo al instante.
Día 17:
A la mañana temprano me dirigí fuera de la posada hasta el carruaje. Ya que nos iba a pagar 150 monedas de acero, pagamos la estancia con lo poco que teníamos. El carruaje era viejo y poco elegante. El conductor era un viejo gnomo que cuando yo llegue estaba dormido con las riendas en la mano. Lo desperté con brusquedad y nos dispusimos a partir. Odoro insistió en ir con Diama (el elfo silvanesty) en el interior del carruaje. Me imagino que algo tendrá que ver con el hecho de que el conductor fuera un gnomo. El resto nos dispusimos en los laterales del carruaje y fuimos a pie.
Llevábamos andando cerca de tres horas cuando llegamos a una parte del camino entre bosque en el que había un gran agujero frente al carruaje. No tuvimos otro remedio que detenernos. Algo me decía que eres agujero no estaba hay porque si. De pronto, una flecha surco el aire y se incrusto en el pecho del gnomo. Malditos Slighs!! Salieron de entre las sombras cos sus arcos y espadas. Del interior del carruaje se escucha el grito del ogro. Corrí hacia la puerta y vi como Odoro estaba herido, y que fuera del carruaje, en vez de Damir había un asqueroso hombre-rata. Una trampa, tenia que haberme dado cuenta. Y nuestros problemas no acababan hay, porque en aquel momento la rata lanzo un conjuro a Dalin, quien a poco mas desfallece. Odoro salio del carruaje lleno de ira, y clavo su maza en el cráneo de aquella rata. El resto nos ocupamos de los Slighs que la acompañaban. La batalla no duro mucho, pues no eran muy numerosos, y nuestras dotes en combate eran inmensamente superiores a aquellas bestias. Rebuscando entre las posesiones de la rata encontramos una carta echa de papel viejo. Esta estaba dirigida a Beleguir, lo cual llamo mi atención. En ella se especificaba como las tribus reptoides se habían unido a los Slighs en su propósito de ayudar al Caballero, a cambio de que su señor les perdonase la vida. Todo aquello solo podía suponer una cosa… problemas.